24Marzo

V Congreso Nacional de Educadores Católicos: Educar en la afectividad, educar en el amor

La Fundación Desarrollo y Persona, invitada a participar en el Congreso, se hizo presente en la ponencia final, con Nieves González Rico, y en una mesa redonda en la que participó Begoña Ruiz Pereda

El Congreso nacional de Educadores Católicos (VER GALERÍA DE FOTOGRAFÍAS), organizado por la Fundación Educatio Servanda, ha celebrado su  V edición el pasado 15 de marzo, en la ciudad de Alcorcón, en Madrid, en las instalaciones del Colegio Juan Pablo II de esa localidad. Lo más llamativo ha sido su propuesta, al focalizar temáticamente una dimensión educativa de la máxima importancia para el corazón del hombre: “Educar la afectividad, educar en el Amor”. Ese ha sido el título del Congreso, que ha atraído a más de medio millar de educadores católicos, en torno a un programa sugerente, desarrollado por un plantel de expertos en distintas áreas, relacionadas con el tema.

Cuando el ahora todavía beato Juan Pablo II, en los primeros años de su pontificado (1981), regalaba la exhortación apostólica post sinodal Familiaris consortio a la Iglesia universal; lo hacía partiendo de un convencimiento, desarrollar «La carta magna del apostolado y la pastoral familiar», que había sido precedida por las dos primeras encíclicas papales: La Redemptor hominis (Jesucristo Redentor del hombre, -1979), y Dives in misericordia ( Dios Padre rico en misericordia -1980). De la Familiaris consortio nacieron posteriormente los directorios de la pastoral familiar de la Iglesia en los distintos países, en concreto el español, propiciado por la CXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (2003). Se comenzaba con ello a asentar en la Pastoral de la Iglesia, tardíamente, un terreno firme para anunciar el evangelio del matrimonio y la familia, con el fin de “ser una llamada a renovar la vida de los matrimonios y las familias cristianas reafirmando su vocación eclesial y social”. Sin olvidar en este desarrollo inicial, protagonizado por Juan Pablo II, las catequesis sobre el amor humano expuestas durante los primeros cinco años de su pontificado, 129 en total, para desarrollar “La redención del cuerpo y la sacramentalidad del matrimonio”. Magnífico itinerario inicial donde resplandece la centralidad del acontecimiento cristiano, manifestada en Cristo; la misericordia del Padre, que recorre todos los caminos; el evangelio de la familia y la vida, sin el cual el hombre no puede sobrevivir; la comprensión del amor humano, en toda su inmensa grandeza.

El Congreso sin duda es uno de sus frutos, que han ido madurando especialmente en los dos pontificados anteriores, manifestación de una cultura familiar que va impregnando el tejido social, por medio de muy diversos medios y realidades sociales y pastorales. La propuesta de la Iglesia y de la educación cristiana sobre esta materia y el modo de entender la sexualidad y la afectividad humanas, son un camino  de plenitud y de realización personal, dando sentido a la vocación humana, en un contexto en el que convergen la antropología y la teología. Uno de los congresistas comentaba un cierto pesar “por haber conocido tan tardíamente la propuesta de la Iglesia, cargada de belleza y de verdad, y tan apropiada para responder a las exigencias del corazón”. Recordaba la reflexión agustiniana: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste y clamaste hasta romper finalmente mi sordera”.

La sociedad sangra por las heridas del narcisismo, del pansexualismo y de la desconfianza. Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, ponía con su presentación el dedo en la llaga de tres heridas afectivas, que reclaman para su sanación de un modo nuevo de ver y educar el corazón humano, de mostrar la belleza de un amor personal, comprometido, real y exigente. Cada uno de los ponentes fue aportando su personal visión y enriqueciendo la propuesta en torno a la pedagogía del deseo, su reflejo en el cine contemporáneo, el amor dentro de la familia, el tratamiento de la afectividad en el aula, el recorrido de la afectividad y su evolución, etc.. Todo ello un plato sabroso para dar respuesta al hecho educativo, que reclama, en medio del desconcierto actual, una mirada rehabilitadora de lo humano, que parte de una realidad dolorosa, siempre personal, y a la que no podemos volver la espalda, para hacer nacer una esperanza fundada. Ese es el mensaje de Francisco, en el momento actual, siempre lo ha sido en la Iglesia, poner aceite en las heridas, de adolescentes viejos, y viejos con corazón adolescente, incapaces de asumir su propia humanidad. Un mundo de posibilidades, de interrogantes, de preguntas y también de certezas, y alguien –padre, madre, hermano, amigo, educador…- que sea capaz de acompañar y de insinuarse ¿Tú sangras por estas heridas?

La Fundación Desarrollo y Persona, invitada a participar en el Congreso, se hizo presente en la ponencia final, con Nieves González Rico, directora de la Institución, que expuso ante un auditorio agradecido, la singularidad de la intervención de educadores y padres en la educación, que implica siempre un camino evolutivo de acompañamiento, estímulo, discernimiento y testimonio, hacia la madurez de la persona, a través de las distintas etapas de la afectividad. Begoña Ruiz Pereda participó en la Mesa Redonda sobre “La aplicación de la afectividad en aula y en casa”, junto a otros cinco representantes de otras tantas realidades educativas. Y finalmente como apoyo y difusión a los contenidos del Congreso, se montó un stand, por cierto muy animado y concurrido, con las publicaciones de la Fundación, los Packs de “Aprendamos a amar”. Toda una experiencia para crecer y colaborar en este servicio especial a la familia, a la sociedad y a la Iglesia. No podía faltar la entrega final del premio Maestro del año y la Clausura, acompañada de un Vino español. ¿Fin o principio? Caminante no hay camino, se hace camino al andar. El Congreso ha sido un cruce de caminos, entre realidades diversas de la Iglesia y la sociedad, donde ha surgido el intercambio, nuevas amistades y relaciones, un sentir común, rostros animados por una esperanza que ha salido fortalecida en la comunión de personas. Esto de aprender a amar, da mucho de sí, por supuesto también en Alcorcón. 

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